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jueves, 8 de marzo de 2012

CICLO V y VI CIENCIAS POLÍTICAS Y ECONOMICAS, PERIODO DE VIOLENCIAS EN COLOMBIA 1945-1965.

HISTORIA DE COLOMBIA SIGLO XX

AUTOR: CHRISTIAN MAURICIO OSORIO GONZALEZ

PERIODO DE VIOLENCIAS EN COLOMBIA 1945-1965; UNA PERSPECTIVA GENERAL

La violencia es percibida aún como una vergüenza nacional, de cuyos acontecimientos es preferible no hablar, primero, porque los que ganaron fueron sus propios promotores, los cuales a través del frente nacional asumieron una responsabilidad común: “se compartía el poder pero también el pasado y no se iba a hacer juicio sobre él”, segundo… porque los vencidos se resignaron a aceptar la visión de los vencedores.[1]

Las investigaciones llevadas a cabo sobre el periodo de “la violencia” o mejor sobre las violencias[2] en la mitad del siglo XX en Colombia, ha despertado desde hace unas décadas nuevos interrogantes acerca de este “suceso” o sucesos de la historia reciente del país, pero que a pesar de su cercanía con nuestro presente cronológico, tiene profunda raíces en elementos anteriores, y que aborda, tanto causas políticas y sociales como económicas y culturales.[3] Los recientes trabajos se han perfilado desde una perspectiva local y regional, lo que ha llevado a un mejoramiento en la comprensión de los procesos, ya que enmarcados en una perspectiva más general ahondan sobre las particularidades al mismo tiempo que dan cuenta de la generalidades, esto indica que las condiciones especificas de cada territorio, matizan el periodo y lo enriquecen con nuevos interrogantes, -a propósito- ¿es posible enmarcar las diferentes investigaciones locales y regionales acerca del periodo de “la violencia” desde una mirada global sin caer en el error de generalizar dicha construcción histórica? Parte de la respuesta a este interrogante nos la plantean autores como Darío Betancourt, Gonzalo Sánchez, Mari Roldan, Alberto Flórez Malagon, Carlos Miguel Ortiz entre otros en diferentes ensayos, en los cuales ciertamente demuestran una nueva mirada a este periodo de la historia reciente del país.

Para empezar a “ahondar” en aquellas particularidades del periodo comprendido desde 1945 hasta 1965[4] debemos considerar una aclaración –que considero muy acertada- acerca de la comprensión del fenómeno violento que se presentó desde la década de los cuarenta y que se agudiza, con la muerte de Gaitán, pero que tienen raíces más profundas si se quiere, y, en las cuales cabe mencionar la presencia de rivalidades personales, que “aunque no parezca” fueron detonantes y catalizadores de la etapa crítica del conflicto. Darío Betancourt parafraseando a Pecaut aclara: hoy no se puede hablar de la violencia, pues no solo las particularidades regionales le imprimieron variantes al fenómeno, sino también la compleja mezcla de aspectos políticos, económicos, sociales, étnicos y culturales.”[5] Es muy acertada esta tesis ya que –como sabemos- ciertas formas de hacer historia desde una perspectiva generalizante, muchas veces han producido la invisibilidad de diferentes actores sociales, o en el peor de los casos han tergiversado la realidad objetiva de lo sucedido en el pasado[6].

De acuerdo a lo anterior es necesario nuevamente recalcar la importancia acerca de las investigaciones locales y regionales ya que matizan el conflicto o los conflictos que se desataron durante el periodo antes mencionado, y que, de alguna manera responden a diversos interrogantes que desde el presente nos plantea la realidad social política y económica del país, por esta razón vale la pena resaltar estos casos ya que le impregnan otra connotación a los diversos estudios sobre este tipo, y que diferencian el proceso colombiano de otros surgidos en América latina, donde la construcción de un estado fuerte y centralizado –en algunos casos- fue contemporáneo al nuestro, pero con diferencias marcadas, en donde los aspectos culturales y sociopolíticos además de los económicos –que considero determinantes- delimitan y moldean la participación de los diversos actores.

De igual forma, la inclusión que hace un personaje en un partido político puede dejar entrever algunos rasgos de la realidad objetiva del momento, -aunque sea un actor pasivo o activo en términos de participación política- y esto es así porque en el caso colombiano, la adhesión a los partidos era en la algunos momentos de forma hereditaria, en otros, de forma pragmática, y también, como es lógico por los intereses en los programas políticos. Las dudas que suscitan estos hechos girarían en torno a ¿si la inclusión de un individuo campesino o de clase media en un partido, se debe a la presión misma del sujeto por algún interés en particular? O si ¿lo hace desde la perspectiva de interés de clase? Y si es así ¿hasta qué punto es consciente de esto? O si por el contrario ¿la inclusión hace parte de una presión desde arriba? Estos interrogantes son importantes en la medida en que se considera la tesis de Mary Roldan según la cual manifiesta que, “lo que diferencio los partidos liberales y conservadores de otros países latinoamericanos fue la capacidad del sistema colombiano para fomentar la profunda identificación de la mayoría de los ciudadanos con los partidos”[7] además porque –continua la autora- “La afiliación política a un partido moldeó el sentido de identidad propio y las creencias del colombiano promedio desde el siglo XIX y a lo largo del XX.”[8]

Con esto no estamos dejando de lado, las especificidades propias de cada región y por supuesto los intereses de los diversos grupos étnicos, pero es preciso señalar que el pragmatismo -para utilizar uno de los términos que mejor se amoldan a dichos intereses- de muchas de las elites locales le inyecta una delimitante a los rasgos de la violencia, los cuales se presentan a nivel de municipio o de región, y los actores que allí se encuentran matizan el proceso, por lo tanto es determinante al abordar una investigación acerca del periodo de “las violencias”, tener en cuenta factores como la cultura, la raza y elementos sociales propios del lugar investigado, claro está, enmarcándolos en unos niveles más generales, pero sin perder dicha especificidad.

En la medida en que los estudios académicos basaron su investigación en estudios regionales específicos, se hizo más claro aún que, si bien el conflicto partidista ofrecía el elemento catalizador inicial de la violencia y, quizás, incluso un marco aparentemente lógico para entender la intensidad del conflicto, apoyarse en la noción de los odios partidistas heredados era insuficiente para dar cuenta de la divergencia y especificidad de la violencia.[9]

Lo anterior nos plantea un interrogante más, el cual se basa en discernir sobre ¿Cuál fue el papel del estado en el periodo de violencia que sacudió al país desde la década de 1940?, de acuerdo a las investigaciones sabemos que no era un estado fuerte, pero aquí es bueno detenernos un poco sobre todo, en la discusión que hace Gonzalo Sánchez acerca del papel de este aparato, aquí Sánchez enfrenta a Oquist y Daniel pécaut, en cuanto a sus tesis sobre el estado, y lo hace de la siguiente manera:

La tesis del “derrumbe parcial del estado” de Oquist no está lejos de la tesis de la “disolución progresiva del estado”, planeada por Daniel Pecaut, aunque los mecanismos que explican uno y otro proceso sean bien diferentes. El derrumbe de Oquist se explica por la desintegración de aparatos institucionales, tales como el aparato judicial, el aparato armado, el parlamento etc. La “disolución” de Pécaut está en cambio, ligada al debilitamiento del papel interventor del estado como mediador y unificador de las clases dominantes, en beneficio de los más poderosos organismos gremiales, cafeteros e industriales.[10]

Estas dos tesis ratifican de igual manera -y a mi parecer- la existencia de un estado, que va perdiendo su poder, sin desconocer todo el bagaje de estos historiadores y la experiencia que tienen en la investigación histórica, creo que sería pertinente invertir dicha situación; en otras palabras, la ratificación del estado como una estructura jerárquica y centralizada –la cual debe tener el monopolio de la fuerza física- se hace evidente, en las acciones llevadas a cabo para depurar la violencia en las áreas rurales, si esto es así, se podría plantear que el estado no se “derrumba parcialmente ” o no se “disuelve progresivamente” sino que por el contrario, la coyuntura y la búsqueda de soluciones a ésta –desde arriba sobre todo- potencializan significativamente el papel del estado, primero como aparato regulador de la sociedad colombiana y segundo como institución que limita la movilidad social de los diferentes actores. (No solo políticos).[11] Y si esto sucede de tal manera ¿Por qué en la actualidad el estado colombiano comparte su dominación sobre la sociedad con otros poderes (aunque estos estén al margen de la ley), tales como los “paramilitares”, la guerrilla y el narcotráfico?[12].

Para responder la situación planteada es necesario ir directamente a los actores, en primer lugar hay que tener en cuenta a los individuos que representan el estado, quienes llegan a diferentes lugares como (alcaldes, gobernadores, inspectores, entre otros) estos personajes y su vida privada tienen grandes connotaciones en la vida pública ya que precisamente los intereses y las aspiraciones de dichos sujetos deben ser tenidas en cuenta, porque de acuerdo a esto, cumplirán o no con las funciones que le corresponden, esto marca profundamente los matices de la violencia dentro de los municipios y regiones, puesto que de esta manera convergen o chocan los intereses de la elite con los del recién llegado, esto lleva a considerar el grado de violencia que se pueda desarrollar en estos territorios.

La violencia se debió menos a una relación umbilical entre los políticos nacionales dominantes y sus obedientes seguidores en las localidades, que a la presencia de actores sociales específicos que operaban en determinado contexto, quienes, podían optar o no por identificarse con ideologías y movimientos nacionales con el fin de lograr sus objetivos y satisfacer sus aspiraciones locales.[13]

Otro actor que evidentemente es determinante a la hora de abordar el periodo de violencias de mitad de siglo, es el bandolerismo el cual es un fenómeno social que según, Darío Betancourt “surgió de guerrillas o de cuadrillas con profundo contenido partidista y aun político; después evolucionó hacia el bandolerismo social”[14], esta tesis es aplicable y según las investigaciones realizados por él, en el sur del Tolima y en el norte del valle, -aunque no se encasilla en estas zonas- pero el hecho de proponer dichas regiones no es por simple azar, sino por las condiciones especificas de dichas áreas, entre las cuales es necesario resaltar, la legitimación por parte de las elites y de muchos campesinos acerca del fenómeno del bandolerismo; este elemento es de gran importancia ya que manifiesta el hecho por el cual se lograron mantener muchas cuadrillas a pesar del cerco del ejercito y porque la población –los campesinos sobre todo- veían un respaldo militar y “político” de estos nuevos actores.

…la razón del apoyo de los campesinos a las cuadrillas no hay que buscarla solo en las motivaciones económicas. Ellos se sentían también más seguros con la protección de ese poder informal e ilegitimo que con la que derivaba del mismo estado, por la simple razón de que a éste lo veían cotidianamente personificado en la policía y el ejercito que los perseguía y torturaba o en el mejor de los casos los hostigaba, en su afán por descubrir a los verdaderos autores o cómplices de la actividad criminal.[15]

Pero entonces ¿quiénes eran los bandoleros? De acuerdo a las investigaciones de los autores, el origen de aquellos individuos que pertenecían a estos grupos, hay que buscarlo desde la relación que posean éstos con la tierra, es decir que dichos sujetos tienen que ver explícitamente con el campesinado, y aquellos que llegaron a destacarse sobre los demás, posiblemente compartían un rasgo común el cual giraría en torno a ser reservistas o haber cumplido su servicio militar, además de que posiblemente también –en algunos casos- fueron artesanos, lógicamente sin esto ser una contradicción con la relación que tenían con el campo. Este hecho se debe tener en cuenta para la compresión de el fenómeno por lo que, los bandoleros mantenían relaciones con la elite, y quienes los escudaban eran –en su mayoría- los campesinos- estas relaciones entre bandolero- elite; bandolero-campesino, indican que el fenómeno surge como una necesidad de ambas clases sociales y que, los bandoleros fueron personajes que empujados por sus intereses particulares entre los cuales cabe destacar ambiciones económicas, venganzas personales , identidad política, se toman la bandera de la defensa “contra un enemigo opresor”; pero cuando se invierte la situación y el bandolerismo empieza a perder el apoyo de la elite y de el campesinado a raíz de lo que Darío Betancourt llamó “la pérdida del equilibrio”, “a partir de allí fueron perseguidos y cazados como vulgares delincuentes.”[16]

Pasando a otros actores sociales como la elite y el campesinado, es necesario profundizar acerca del aspecto económico que se desarrolló antes y durante el periodo de la violencia, puesto que los diversos intereses matizan el conflicto, esto lo demuestra el hecho de que en algunos lugares de Colombia la guerra no se generalizó, tal es el caso de el valle de Ubaté, conocido a través de la investigación -clara y concisa- llevada a cabo por Alberto Flores Malagon, quien plantea la necesidad de invertir los espacios abordados en las diferentes investigaciones para el caso de la violencia en la mitad del siglo XX, y por lo tanto se enfatiza en una zona donde, y a propósito del título de su obra, fue “una isla en un mar de sangre”. Este hecho aborda las complejidades de una nación, que desde sus orígenes como república, le ha costado la integración de todo su territorio, ya sea por problemas estructurales, culturales, sociales o económicos, pero que también pone de manifiesto un ESTADO política e institucionalmente muy débil, lo cual aumentó, la capacidad de consenso de las elites locales con los diferentes actores sociales y por lo tanto le imprime ciertas peculiaridades a la representación de dicho estado, en las entidades territoriales.

El autor parece deducir una premisa metodológica fundamental: la necesidad de repensar las interacciones entre la política local y la política nacional, o si se quiere, las condiciones de posibilidad de incidencia de lo nacional en lo local, teniendo en cuenta la enorme variedad de fuerzas descentralizadoras existentes en un país con proverbial debilidad de la presencia estatal.[17]

Es pertinente detenernos en “la incidencia de lo nacional en lo local” debido a que es determinante a la hora de abordar las generalidades sobre el periodo de “violencias” de mitad de siglo, a partir de las especificidades locales y regionales, pero cabe mencionar en este punto que dicha especificidad no corresponde simplemente a limitar las investigaciones en unas zonas geográficas determinadas, ya que hay factores nacionales que intervienen en los procesos locales y regionales y le inyectan nuevos matices tanto al proceso como a la investigación, tal es el caso del lenguaje político del momento; este elemento resulta determinante a la hora de analizar el discurso populista impulsado por Gaitán y que proponía básicamente una conciencia de lo social en oposición a los distintos elementos oligárquicos presentes en la sociedad colombiana, pero esto no quiere decir que, el político liberal intentara una revolución desde abajo, -desde las masas- pero si fue enfático en movilizarlas, este hecho radica en parte la preocupación que tienen los políticos contemporáneos a Jorge Eliecer, la cual básicamente seria en contener el carácter “movilizador” que estaba adquiriendo el pueblo. El lenguaje político que maneja Gaitán contrasta con una característica particular de muchos políticos colombianos a lo largo de la historia republicana y es su carácter paternalista, que busca a fin de cuentas una modernización de la sociedad sin cambiar del todo el statu quo simplemente reformarlo. Es por esto que la figura de este político populista y liberal hay que tenerla en cuenta en la medida en que la transformación de los lenguajes políticos ahondan en la sociedad cambios que, con el correr del tiempo se ven materializados en las formas de percibir y participar del conflicto o la crisis.

Para concluir considero determinantes las investigaciones realizadas por los autores abordados y mencionados en este texto ya que, ahondan en el conflicto desde una mirada crítica e interdisciplinar, además que ponen de manifiesto diversas metodologías para entender el periodo estudiado, es por esto que cabe resaltar que las nuevas investigaciones del periodo mal llamado de “la violencia” a partir una perspectiva local y regional han enriquecido la comprensión histórica del proceso y por supuesto le han dado vida a ciertos actores y elementos cotidianos que antes estaban relegados a un segundo plano, falta decir que, desde las especificidades regionales y locales enmarcadas dentro de un programa mayor se pueden advertir generalidades del periodo de “las violencias”.



[1] Sánchez Gonzalo, los estudios sobre la violencia: balance y perspectivas, EN Pasado y presente de la violencia en Colombia, la carreta editores, Medellín 2007 pp. 32. Cita también a Gardiazabal “ ”

[2] De acuerdo a las particularidades regionales, señala Darío Betancourt es necesario hablar y distinguir el fenómeno que se vivió en Colombia desde 1945 hasta 1965, ya que cada región le imprimió diferentes limitantes y matices al fenómeno que gran parte de historiadores han llamado “violencia”, desconociendo las mencionadas condiciones especificas de cada región e inclusive de cada pueblo y vereda.

[3] Tal vez, recientes investigaciones en nuevos campos puedan sumar a estos elementos que he mencionado nuevos factores que enriquezcan el campo investigativo acerca de la historia del país. Al respecto Gonzalo Sánchez menciona, ciertamente algunos campos en los cuales hay posibles ausencias investigativas acerca del periodo de “violencias”: vida cotidiana y violencia; mitos, leyendas y creencias durante la violencia. Sentimiento religioso; movimientos mesiánicos y violencia; la mujer y la violencia; los indígenas y la violencia. Etc. Sánchez Gonzalo, los estudios sobre la violencia: balance y perspectivas, EN Pasado y presente de la violencia en Colombia, la carreta editores, Medellín 2007 pp. 32

[4] Esta temporalidad es la que mayoritariamente trabajan los investigadores, aunque Gonzalo Sánchez trata de extender la investigación –muy acertadamente- hasta la actualidad, para comprender la forma en que se entrecruzan con nuevos elementos o actores que aparecen en un periodo más reciente. Tal es el caso de la guerrilla de izquierda comunista, los grupos paramilitares, el narcotráfico, etc.

[5] Betancourt Darío, las cuadrillas bandoleras del norte del valle, en la violencia de los años cincuentas. Pp. 2

[6] Reconozco que es difícil llegar a un conocimiento histórico sobre cualquier realidad objetiva del pasado sin estar influenciado por factores externos ( ideología, métodos de investigación, condición social entre otros) empero, muchas de las investigaciones acerca del pasado y de la violencia han tergiversado o han moldeado sus investigaciones de acuerdo en defender posiciones políticas; es por esto que la importancia de las nuevas investigaciones –considero- radica en el hecho de que han demostrado que en el campo histórico las particularidades son determinantes a la hora de tener la visión global de un proceso y los matices que tenga ésta derrumban, la concepción de una historia en blanco y negro o una historia de abajo y de arriba. Además inyectan un nuevo sentido al abordar las investigaciones desde una “línea” interdisciplinar.

[7] Roldan Mary, introducción EN A sangre y fuego, la violencia en Antioquia, Colombia 1946-1953, instituto colombiano de antropología e historia. PP. 31

[8] Ibídem, pp. 31

[9] Ibídem, pp. 42

[10] Sánchez Gonzalo, los estudios sobre la violencia: balance y perspectivas, EN Pasado y presente de la violencia en Colombia, la carreta editores, Medellín 2007 pp. 29

[11] Cabe decir, que esto que estoy planteando podría ser mejor aplicado para las etapas finales del periodo de “violencia”, sobre todo hacia los años 60.

[12] Esta pregunta es de algún modo contradictoria, por lo q anteriormente trate de afirmar, pero considero que es necesario su planteamiento ya que en la actualidad, el estado colombiano no domina totalmente todo el territorio geográfico de Colombia, entonces al decir que los periodos de crisis en la mayoría de los casos fortalecen dicho estado cuando este da prontas respuestas a la coyuntura, por lo tanto cabe preguntarse ¿el resultado de la sociedad a esta “presión desde arriba” es que se creará nuevas etapas de crisis.?

[13] Roldan Mary, introducción EN A sangre y fuego, la violencia en Antioquia, Colombia 1946-1953, instituto colombiano de antropología e historia. PP.

[14] Cabe recalcar que en este punto el autor contradice “las evoluciones clásicas que anota Hobsawm”.

Betancourt Darío, las cuadrillas bandoleras del norte del valle, en la violencia de los años cincuentas.

[15] Sánchez Gonzalo, los estudios sobre la violencia: balance y perspectivas, EN Pasado y presente de la violencia en Colombia, la carreta editores, Medellín 2007 pp. 69

[16] Betancourt Darío, las cuadrillas bandoleras del norte del valle, en la violencia de los años cincuentas. Pp. 10

[17] Prologo de Gonzalo sanchez en Malagon Alberto, una isla en un mar de sangre, el valle de Ubaté durante el periodo de la violencia 1946-1958

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